La mañana del día jueves, me venia un dolor en el abdomen no sabía que hacer, no veía una explicación para un dolor así como aquel dolor. Así que entre pensar que provocaba el dolor decidí ir a avisarle a mí mamá para que ella me llevara al doctor, ella al instante me hizo una serie de preguntas para saber porque me estaba dando aquel dolor, ella no entendía porque pero supuso que era la apéndice o la vesícula así que sin mas pensar le dijo a mi padre que nos iríamos al hospital.
Mis padres se prepararon rápido y nos fuimos al hospital, al llegar me revisaron rápido y me mandaron a sacarme un rayos x para ver mejor lo que tenía, la doctora al ver los rayos x me mando con las enfermeras para que me canalizaran y me hicieran estudios de sangre.
Estuve un rato grande acostado y recibiendo suero por le vena, hasta que me dijeron que era la apéndice y que me operarían para que se me fuera a complicar, las enfermaras al instante me prepararon para entrar al quirofano. Llegaron los doctores y el camillero me dijeron ya es hora mis padres me acompañaban al quirofano, yo sentía un temor mis padres me tranquilizaban pero no era suficiente me hice el fuerte para que no llorara por el miedo. Entre a quirofano se presentaron todos los doctores y anesteciologos, entre otros otras personas que me operarían me dieron indicaciones y me durmieron.
Desperté después de 2 horas sentía un dolor en el abdomen pues era por la operación, se dieron cuenta que me habría despertado las enfermeras y me dijeron en un rato te subimos a piso, mientras yo pensaba en donde estarían mis padres llego el camillero y me dijo ya vas para arriba, me subieron en el elevador al salir de el vi a mi mamá pues me llevaba al cuarto donde me recuperaría, llegue y me dormí de nuevo para despertar al otro día y ponerme a caminar para que me lograra ir pronto a mi casa, así pasaron 2 días hasta que me dieron de alta y le hicieron firmar a mi madre de un compromiso. Al salir del hospital volví a la vida porque respiraba el aire de la naturaleza fue por mi padre que nos llevo a la casa. Al llegar a la casa me pusieron cómodo para que sanara rápido mi herida.
He aquí me encuentro escribiendo y esperando que me quiten los puntos para poder ir de nuevo a clases.
sábado, 27 de septiembre de 2014
martes, 9 de septiembre de 2014
Los niños heroes
*Los Niños Héroes
Nombre genérico con el que se designa a los seis
cadetes mexicanos del Colegio Militar que murieron heroicamente en la
defensa del castillo de Chapultepec durante la invasión estadounidense
de 1847. Los seis cadetes fueron Juan de la Barrera, originario de la
Ciudad de México, nacido en 1828; Juan Escutia, nacido en Tepic,
Nayarit, alrededor de 1830; Francisco Márquez, nacido en Guadalajara,
Jalisco, en 1834; Agustín Melgar, oriundo de Chihuahua, nacido entre
1828 y 1832; Fernando Montes de Oca, originario de Azcapotzalco, y
Vicente Suárez, quien nació en Puebla en 1833.
De la anterior lista de nombres de los Niños
Héroes debe destacarse su edad: tenían entre 14 y 19 años, pues estaban
recibiendo su formación en el Colegio Militar. Todos ellos perecieron
el 13 de septiembre de 1847, cuando una columna del ejército de Estados
Unidos tomó por asalto, a pesar de su heroica resistencia, el castillo
de Chapultepec, donde se ubicaba el Colegio Militar. Situado en la ruta
de hacia ciudad de México, el castillo era el último bastión defensivo
que conservaban los mexicanos, y su caída permitió la entrada de las
tropas estadounidenses en la capital mexicana al día siguiente. Aunque
ya estaba perdida, la guerra se prolongaría hasta principios de 1848.
Un enclave histórico
Chapultepec, que en lengua nahuátl significa "En
el cerro de chapulín" (que equivale a langosta), era un lugar
perteneciente a la jurisdicción de los tepanecas del señorío de
Azcapotzalco. Cuando llegaron al lugar, los mismos aztecas lo
calificaron de paradisíaco. Instalados en Chapultepec después de su
larga peregrinación desde la mítica Aztlán, los aztecas realizaron
grandes obras para fortificarlo y convertirlo en un lugar inexpugnable
(probablemente, en 1280). Pero la frecuencia de sus guerras floridas y
su crueldad levantaron la animosidad de los pueblos vecinos, que se
aliaron contra ellos y les infligieron una dura derrota en el año Caña
(1299), expulsándolos de Chapultepec para confinarlos en las inhóspitas
tierras de Culhuacán.
Tras la fundación de Tenochtitlán en 1325,
Chapultepec se convirtió en un santuario para los mexicas, en el que
construyeron diversos monumentos. Nezahuacóyotl, rey de Texcoco y aliado
de los aztecas, mandó construir en 1428 un adoratorio, y en 1465
Moctezuma I Ilhuicamina, hermanastro de Itzcoatl e iniciador del imperio
azteca, hizo construir en la misma loma un acueducto con la finalidad
de abastecer de agua a los habitantes de Tenochtitlán.
Cuando, a comienzos del siglo XVI, Hernán Cortés
quiso tomar la populosa ciudad azteca, dirigió la estrategia desde el
inmejorable puesto de mando que constituía el cerro de Chapultepec,
lugar donde el virrey español Bernardo Gálvez, a finales del siglo XVIII
(1783-1787), hizo levantar sobre las ruinas aztecas un edificio que
sería destinado a albergar la residencia estival de los máximos
representantes de la Corona española en el país mexicano, aunque las
obras fueron abandonadas. Aprovechando parte de este edificio, en 1842
se instaló en él el Colegio Militar, bajo la dirección del general José
Mariano Monterde, que sería tomado al asalto por las tropas de Pilow
durante la invasión estadounidense de 1847, marco de la defensa heroica
de los cadetes.
La Guerra Mexicano-estadounidense (1846-1848)
El expansionismo yanqui por los diversos
territorios que en el futuro serían los estados de Texas, Nuevo México y
California se había camuflado siempre bajo la excusa de la protección
de sus intereses en esta región fronteriza. Esta forma de actuar de
Washington se repitió cuando, después de la proclamación de la República
de Texas, en 1836, y de la anexión pura y simple de Nuevo México en
1845, las tropas yanquis invadieron la República de México, aprovechando
una coyuntura de inestabilidad social y política.
La batalla de Chapultepec(12-13 de septiembre de 1847)
Después de la anexión de Nuevo México en 1845 y
la ruptura de relaciones diplomáticas, el gobierno estadounidense había
insistido en reclamar los territorios al norte del río Bravo; ante la
negativa, ordenó en abril de 1846 su ocupación y se produjeron los
primeros enfrentamientos militares. La declaración oficial de guerra
tuvo lugar en mayo de 1846, y los mexicanos perdieron prácticamente
todas las batallas. El general Zachary Taylor penetró por el norte; el
coronel Stephen Kearny tomó Nuevo México y California; Winfield Scott,
al mando de la marina, bombardeó el puerto de Veracruz y logró
desembarcar y tomar la ciudad el 29 de marzo de 1847.
Al frene de un ejército de 13.000 hombres, el
general Winfield Scott avanzó hacia la capital, batiendo a su paso al
ejército mexicano en distintos puntos: Cerro Gordo, Contreras y
Churubusco. Más tarde ocupó Casa Mata y Molino del Rey. Tras esta serie
de victorias, la columna de Pilow se presentó el 12 de septiembre de
1847 ante el castillo de Chapultepec, último obstáculo cuya caída
dejaría expedito el paso a la capital mexicana.
Los Niños Héroes de Chapultepec
De nuevo el cerro de Chapultepec volvía a ser
escenario de un acontecimiento histórico. La defensa, que corrió a cargo
de 200 cadetes y 632 soldados del Batallón de San Blas, no pudo evitar
la pérdida del bosque y el cerro, y la resistencia se trasladó al
Colegio Militar. Los cadetes, en lucha cuerpo a cuerpo, resistieron
heroicamente el asalto de las tropas norteamericanas, muy superiores en
número. Tras sufrir graves pérdidas, los soldados norteamericanos
consiguieron tomar la plaza. La tragedia de la derrota no pudo empañar
la gloria del heroísmo sin par de unos jóvenes cadetes que prefirieron
la muerte a entregarse al invasor.
Los seis cadetes, junto con parte de la
guarnición de la Academia, tuvieron en jaque durante dos días al
ejercito estadounidense antes de perecer en la trágica batalla. Si bien
hasta el momento se había atribuido erróneamente a Juan Escutia el acto
heroico de haberse envuelto en una bandera mexicana y lanzado al vacío
desde la azotea del Castillo, con objeto de que el enemigo no se
apoderara de la enseña patria, en la actualidad todo parece indicar que
el autor de este sublime acto patriótico fue Fernando Montes de Oca.
Hubo de transcurrir, sin embargo, algo más de un
siglo para que los restos mortales de los seis jóvenes cadetes fueran
descubiertos en el bosque de Chapultepec y reconocidos como tales
oficialmente en 1947. En la actualidad, sus despojos descansan desde
1952 en el Monumento a los Niños Héroes, erigido en su memoria y situado
al pie del cerro de Chapultepec. Dicho monumento es el resultado del
trabajo conjunto del escultor Ernesto Tamariz y el arquitecto Enrique
Aragón Echegaray.
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